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King y Kubrick, ‘El Resplandor’ y el miedo

Si hablamos de ‘El resplandor’, tal vez lo primero que se nos venga a la mente sea la palabra terror. Lo cierto es que esta historia consiguió unir en torno a un mismo discurso a dos de los creadores más importantes del siglo XX, Stanley Kubrick, en la versión cinematográfica, y Stephen King, autor del libro y de la idea original.
El aislamiento al que queda sometido un escritor que se muda con su familia a un hotel y la posterior locura son la idea central en ambas visiones. No obstante, el poder de la imagen y la capacidad de transmitir pánico e incertidumbre que ofrece Kubrick pueden haber ganado a la postre la batalla en lo que al recuerdo del imaginario global se refiere.
Resulta prácticamente imborrable el impacto visual de instantáneas como las del pequeño Danny avanzando por un pasillo con el triciclo y las inquietantes gemelas que se le aparecen, las caras de avanzada locura que Jack Nicholson ofrece al asomarse por el agujero de la puerta, los hachazos que el protagonista propina a la madera para poder entrar, vamos que también podría haber llamado a uno de los cerrajeros Alicante en vez de destrozar la puerta de la manera en que lo hizo, la frialdad aterradora del cuarto de baño, el desolador y amenazante binomio que forman el camarero y la barra tras la que trabajaba… resplandor
El libro en cambio es más pausado, lento y denso que la película. Su primer tercio se basa en desarrollar a los personajes desde un marco de análisis psicológico y rutinario; la llegada al hotel de la familia se produce bien tarde, casi llegados a la mitad de la lectura de las páginas. Kubrick no se pudo permitir tales licencias, ya que el detonante y los puntos de giro de su guión urgían a entrar en el fango del miedo, el terror y la pesadilla desde los primeros compases de cinta.
Podría ser más interesante quizá leer primero el libro, pues la fuerza y la intensidad del film pueden hacer la lectura un poco cargante. No obstante, el libro y el sello inconfundible de Stephen King proporcionan al lector mucha más sangre, más violencia, más pánico y más terror desbocado que al espectador de la película. En lo que sin duda coinciden King y Kubrick es en ofrecer un final apoteósico y un clímax discursivo excelso.